Crónica
de una muerte esperada
Como de costumbre, una de
tantas mañanas después de salir del juzgado donde seguía un proceso tedioso y
largo para conseguir ver nuevamente a mi hija, seguí mi camino por las calles adormiladas
del centro de la “Ciudad de los Palacios”, coincidiendo en ese instante con la
mirada imponente del Palacio de Bellas Artes, me detuve a comprar un libro que
me pudiera acompañar por unos días;
finalmente me decidí, como pocas veces, por un libro de poesía.
Al irme a desayunar dudé
entre degustar algo ligero en un café de tantos que me rodeban o devorar unas
piezas de pollo del “coronel”, lo segundo me pareció más atractivo y me
dirigí a ordenar mi ración, no me quedó más que decir que sí a todo lo que
decía el hombre de rojo que hablaba con una peculiar rapidez y mecánica
cordialidad; cuando me dirigía a una mesa recordé a los amigos de la férrea
izquierda, que dirían de manera tajante:
“además de comer carne, a lo cual nos oponemos, alimentas con tu compra al
repudiable capitalismo”, yo solo pensaba en ese momento saciar mi hambre e irme
a trabajar.
Apenas había empezado con
una pierna de pollo, cuando entro a escena un personaje que en el nombre lleva
un marcado desprecio, en el horizonte de
un piso impecable apareció una aturdida y lánguida cucaracha, y no quiero repetir
su nombre, por lo cual la llamaremos simplemente animal; así pues el animal tan
lejano a mí, no me causo gran preocupación, al menos no tanto como al joven que
se encontraba dos mesas delante de mí , quien empezó a dar intervalos de
miradas entre su alimento y la marcha lenta de aquel negruzco insecto. Yo ya había sido envuelto
por mis ideas; pensaba, acode a lo sucedido en el juzgado, en mi hija;-¿qué le
diría al verla?,-¿ qué edad tendría entonces?, y soñaba despierto-hola, ¿Cómo estás?-la saludaría,-bien, - ¿te acuerdas de mí?;
me angustiaba saber su respuesta, no
podía imaginarlo, ¿y si dice no?, le diría acaso que soy su padre o solo sería
un amigo por un tiempo, ¿y si no le caigo bien?; volví a ver al animal moverse
y la angustia del comensal que no le perdía el rastro a pesar de que el
moribundo invitado había cambiado de ruta, ahora si se acercaba cada vez más a
mi lugar, ya tenía mi atención.
Cuántas veces, sin tener al
sujeto en cuestión, me había puesto a pensar en lo qué era el asco, ¿sería en
realidad, como yo pensaba, algo sumamente irracional?, porque para mí el asco
era una sensación adquirida por fines evolutivos, ya que por lo general nos lo
causan cosas o sujetos que nos podrían transmitir algún tipo de patógeno, sin
embargo casi siempre los seres humanos
hemos llevado al extremo esa aversión, porque ver a un ser posiblemente
infectante a cierta distancia no me causará ningún daño. Volvió a cambiar radicalmente la ruta sin sentido, al parecer
la pequeñita era atraída por el desprecio, ¿Qué estaría pasando por la mente de
aquel hombre?, ¿acaso estaría arrepentido de haberse decidido a desayunar pollo
ese día?, no podía comer en paz, una mirada más, eran unos centímetros más
cerca, se detenía; Él comía, no sé si
con el mismo placer que lo hacía yo, pero lo que si me sorprendía era, que habiendo tantas mesas vacias, por qué no se
movía de ahí.
Días antes había escrito un
poema sobre la depresión, la angustia y la muerte; depresión que aún no me
había tocado, una angustia que nunca había experimentado en el grado que
expresé y una muerte que me había rondado toda la vida; esos temas me
recordaron la variada visión de la realidad que hay en cada persona. Los
sentimientos, a los cuales me había negado de manera inconsciente, ahora me
hacen entender los colores de la vida, los errores y su intensidad; por todo
esto intentaba comprender que sentía ese ser humano, qué tipo de angustia podía
existir en Él y qué debía de empezar a sentir yo.
Ya se había acercado
demasiado, la angustia se delataba en la contracción de sus hombros. Yo volví a
encontrarme con mis pensamientos radicalmente lejanos a la situación, y me acorde
de ella, de la forma en que su presencia en mi vida había deslucido mi
aprecio por la soledad; mis horas de soñar despierto se incrementaron después
de saber su nombre, y aunque mis creencias no me habían permitido entender lo
eterno, la poesía me había dejado un verso soñador: “cómo será la vida cuando conoce un siempre”.
No soportó más, se levantó
con segura agresividad y pateo torpemente a la moribunda, tal vez ahí termino
su historia o, como cuentan las leyendas urbanas, son seres casi inmortales y
solo esperaría la postura correcta para seguir caminando.
Segundos después me paré,
recogí mis pensamientos, vi por última vez el posible cadáver y me fui.
Diadel
Me gusto el cuento con un final fatal para la cucaracha. Evoca sentimientos encontrados entre lastima a la cucarachita Martina y asco a la cucaracha que encuentro en mi cocina.
ResponderEliminarjejeje ya bautizaste la cucaracha, gracias silvia
ResponderEliminarMe gusta mucho tu narrativa, ame el nombre de la cucaracha!!
ResponderEliminargracias Tili, que quieres para mañana? un cuento o un poema?
ResponderEliminarMe recuerda a La paloma de Patrick Süskind. Con este libro odie a las palomas, aun se me hacen cochinas y piojosas
ResponderEliminarsiempre me ha dado curiosidad ese asco tremendo que le tienen a estos inofensivos seres
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