jueves, 1 de diciembre de 2016

Crónica de una muerte esperada

Crónica de una muerte esperada

Como de costumbre, una de tantas mañanas después de salir del juzgado donde seguía un proceso tedioso y largo para conseguir ver nuevamente a mi hija, seguí mi camino por las calles adormiladas del centro de la “Ciudad de los Palacios”, coincidiendo en ese instante con la mirada imponente del Palacio de Bellas Artes, me detuve a comprar un libro que me pudiera acompañar  por unos días; finalmente me decidí, como pocas veces, por un libro de poesía.
Al irme a desayunar dudé entre degustar algo ligero en un café de tantos que me rodeban o devorar unas piezas de pollo del “coronel”,  lo segundo me pareció más atractivo y me dirigí a ordenar mi ración, no me quedó más que decir que sí a todo lo que decía el hombre de rojo que hablaba con una peculiar rapidez y mecánica cordialidad; cuando me dirigía a una mesa recordé a los amigos de la férrea izquierda, que dirían de manera  tajante: “además de comer carne, a lo cual nos oponemos, alimentas con tu compra al repudiable capitalismo”, yo solo pensaba en ese momento saciar mi hambre e irme a trabajar.
Apenas había empezado con una pierna de pollo, cuando entro a escena un personaje que en el nombre lleva un marcado desprecio, en  el horizonte de un piso impecable apareció una aturdida y lánguida cucaracha, y no quiero repetir su nombre, por lo cual la llamaremos simplemente animal; así pues el animal tan lejano a mí, no me causo gran preocupación, al menos no tanto como al joven que se encontraba dos mesas delante de mí , quien empezó a dar intervalos de miradas entre su alimento y la marcha lenta de aquel  negruzco insecto. Yo ya había sido envuelto por mis ideas; pensaba, acode a lo sucedido en el juzgado, en mi hija;-¿qué le diría al verla?,-¿ qué edad tendría entonces?, y soñaba despierto-hola, ¿Cómo estás?-la  saludaría,-bien, - ¿te acuerdas de mí?; me angustiaba saber  su respuesta, no podía imaginarlo, ¿y si dice no?, le diría acaso que soy su padre o solo sería un amigo por un tiempo, ¿y si no le caigo bien?; volví a ver al animal moverse y la angustia del comensal que no le perdía el rastro a pesar de que el moribundo invitado había cambiado de ruta, ahora si se acercaba cada vez más a mi lugar, ya tenía mi atención.
Cuántas veces, sin tener al sujeto en cuestión, me había puesto a pensar en lo qué era el asco, ¿sería en realidad, como yo pensaba, algo sumamente irracional?, porque para mí el asco era una sensación adquirida por fines evolutivos, ya que por lo general nos lo causan cosas o sujetos que nos podrían transmitir algún tipo de patógeno, sin embargo casi siempre  los seres humanos hemos llevado al extremo esa aversión, porque ver a un ser posiblemente infectante a cierta distancia no me causará ningún daño. Volvió a cambiar  radicalmente la ruta sin sentido, al parecer la pequeñita era atraída por el desprecio, ¿Qué estaría pasando por la mente de aquel hombre?, ¿acaso estaría arrepentido de haberse decidido a desayunar pollo ese día?, no podía comer en paz, una mirada más, eran unos centímetros más cerca, se detenía; Él comía, no sé  si con el mismo placer que lo hacía yo, pero lo que si me sorprendía era, que  habiendo tantas mesas vacias, por qué no se movía de ahí.
Días antes había escrito un poema sobre la depresión, la angustia y la muerte; depresión que aún no me había tocado, una angustia que nunca había experimentado en el grado que expresé y una muerte que me había rondado toda la vida; esos temas me recordaron la variada visión de la realidad que hay en cada persona. Los sentimientos, a los cuales me había negado de manera inconsciente, ahora me hacen entender los colores de la vida, los errores y su intensidad; por todo esto intentaba comprender que sentía ese ser humano, qué tipo de angustia podía existir en Él y qué debía de empezar a sentir yo.
Ya se había acercado demasiado, la angustia se delataba en la contracción de sus hombros. Yo volví a encontrarme con mis pensamientos radicalmente lejanos a la situación,  y me acorde  de ella, de la forma en que su presencia en mi vida había deslucido mi aprecio por la soledad; mis horas de soñar despierto se incrementaron después de saber su nombre, y aunque mis creencias no me habían permitido entender lo eterno, la poesía me había dejado un verso soñador: “cómo será la vida cuando conoce un siempre”.
No soportó más, se levantó con segura agresividad y pateo torpemente a la moribunda, tal vez ahí termino su historia o, como cuentan las leyendas urbanas, son seres casi inmortales y solo esperaría la postura correcta para seguir caminando.
Segundos después me paré, recogí mis pensamientos, vi por última vez el posible cadáver y me fui.

Diadel


6 comentarios:

  1. Me gusto el cuento con un final fatal para la cucaracha. Evoca sentimientos encontrados entre lastima a la cucarachita Martina y asco a la cucaracha que encuentro en mi cocina.

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  2. jejeje ya bautizaste la cucaracha, gracias silvia

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  3. Me gusta mucho tu narrativa, ame el nombre de la cucaracha!!

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  4. gracias Tili, que quieres para mañana? un cuento o un poema?

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  5. Me recuerda a La paloma de Patrick Süskind. Con este libro odie a las palomas, aun se me hacen cochinas y piojosas

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  6. siempre me ha dado curiosidad ese asco tremendo que le tienen a estos inofensivos seres

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